Camino de Santiago, etapa quinta: Los Arcos a Logroño
El día va llegando y, antes de que amanezca, suena el despertador. Has dormido profundamente, y te sientes reconfortado. Además, si las fuerzas acompañan -y todo parece indicar que si-, llegaras a una gran ciudad: Logroño, en la que nunca has estado.
Reina el silencio en la gran sala del albergue, así que tienes cuidado en no despertar a nadie más. Haces los 10 kms del tirón hasta la primera parada en Torres del Río, donde paras a desayunar algo.

Iglesia de planta octogonal en Torres del Río
A diferencia de otros días, todavía no te ha adelantado ningún otro peregrino. Si en vez de hacer noche en Viana sigues hasta Logroño, y de Logroño a Nájera, podrás acortar tu viaje en una jornada. Un día menos para volver a casa, eso te reconforta. Piensas incluso que si todos los días que quedan te encuentras tan bien como hoy, podrías acortar, y acortar, y acortar… y, ¡quién sabe! tal vez cuando llegues a Santiago te encontrarás con aquel primer grupo que conociste.
Tan animado estás que, en el camino hasta Viana, oteando a lo lejos lo que parece el contorno de una gran ciudad, aceleras tu paso; te sientes descansado, ligero, ¿por qué no echar a correr?Avanzas tanto, que llegas a Viana, el último pueblo navarro, antes del Mediodía. No te adentras, pues quieres llegar a Logroño, y sólo ves la parte industrial, bastante desarrollada a juzgar por la cantidad naves y camiones que alberga.

Antigua fábrica Marbú, cerca de Logroño

Iglesia de Santa María de Palacio, Logroño

Iglesia de Santiago el Real, Logroño

Gitanillo frente a la placa de los hermanos Delhuyar

Puerta lateral en la Catedral de Logroño, flanqueada por contenedores de basura








